COMO NINGÚN OTRO DE LOS 4.500 PRESIDIARIOS DE LA MODELO, FERCHO CRISTANCHO CONCENTRA TODAS SUS ENERGÍAS Y LOS POCOS RECURSOS QUE TIENE A LA MANO PARA MANTENER UN ENTORNO HIGIÉNICO Y PARA REFLEJAR UNA IMAGEN IMPOLUTA. En la cárcel, la ilusión es un privilegio de unos pocos. A pesar de su drama, el interno Fernando Jaime Cristancho se siente un privilegiado. Con frecuencia le agradece a Dios, a quien ignoraba en su vida anterior, porque ha podido arreglárselas para mantener ahora, en la cárcel, los hábitos de consumo que tenía antes. Y porque, sin conocer razones ni haber hecho nada para lograrlo, fue asignado al patio tres de La Modelo en Bogotá donde no hay hacinamiento, violencia ni drogas. Por razones de seguridad, allí van los sindicados de delitos no violentos: narcotraficantes, sobre todo, y extranjeros que llegan en busca de El Dorado de las drogas. Cristancho sabe muy bien que vive mejor que el 70 por ciento de los detenidos. Tiene 320 compañeros en su patio, una terce...